You should write a book. // Deberías escribir un libro.

Despierto. No quiero levantarme de la cama.

Sucede así siempre. En las noches el insomnio me ataca y Morfeo llega a eso de las cuatro de la mañana. Por lo tanto mis mañanas son lo que tú, o cualquier otra persona normal podría considerar media tarde.

Hoy llueve, amo los días lluviosos, son reflexivos, íntimos… combinan con mi ánimo.

Escucho Campo, de Juan Campodónico y Gustavo Santaolalla.

Es un día diferente.

Pero ya llegará el momento de contarles porque.

Volvamos unos meses atrás, esto no siempre fue de esta manera, mis días no siempre fueron existir solo por existir.

Septiembre 2011:
Mi vida era perfecta. Tenía todo lo que quería y necesitaba… El sueño de mi vida, la libertad económica, los amigos, los fines de semana, era una soltera deseada, y yo era feliz…
Yo era feliz y yo lo sabía.

No sé en qué punto todo se fue a la mierda y terminé acá, sin saber cómo y cuándo podré volver al camino. A cualquier camino.

Desde hace par de semanas que mi depresión y mi desidia se ha hecho paso a través de mi armadura de sonrisa guapa y despreocupada. La máscara empezó a mostrar grietas y yo no me daba cuenta.

Mis amigas más cercanas comienzan a preocuparse en serio.

Lo que llevo a una de mis vecinas y amiga de la infancia a una búsqueda incesante por una solución a mi problema.

“Escribe un libro.”

Y ahí fue cuando comenzó el gusanito de la curiosidad a comerme las entrañas.

Todo esto es, por supuesto, un magro resumen de toda la odisea que supuso llegar a esa conclusión.

Me di cuenta de que mucha gente que me rodea tiene una opinión muy alta sobre mí, y debo hacerle frente a la responsabilidad, debo estar a la altura de sus expectativas.

Hoy es un día diferente.
(Ahí quedamos, ¿no?)